sábado, 22 de mayo de 2021

Una imagen actualizada del DOCENTE

 Una de las cosas que me ha gustado mucho desde que incursioné en este maravilloso mundo de la enseñanza virtual, y que sigo reforzando en este curso de Educación Virtual, es que ya se acabó la imagen anticuada de ver al docente o maestro, como un "Alma Superior", alguien intocable que está en un pedestal y alguien a quien no podemos discutirle ni rebatirle absolutamente nada, aún esté equivocado. 

La información ahora es libre, está por doquier y literalmente al alcance de la mano. Todos aprendemos de todos, punto. Nuestra función como docentes es simplemente facilitar, seleccionar, guiar y orientar la información disponible, para que nuestros estudiantes no se pierdan en ese maraña de información que hay por doquier. 

En mi época de estudiante tuve muy excelentes maestros, a los que respeto y guardo un cariño especial y un sincero agradecimiento. Pero es triste reconocer que también me encontré con los prepotentes, los "sabelotodo" que según ellos nunca se equivocaban y cuya palabra estaba escrita en piedra, pero de estos no vale la pena hablar. 

Hoy quiero que hablemos sobre los maestros que marcaron positivamente nuestra vida, aquel profesor que nos daba el corazón en una clase, aquella maestra que lloraba con las necesidades físicas o emocionales de sus alumnos. Recordemos a aquellos que no solo se limitaban a cubrir su contenido en la programación, sino que se tomaban un tiempo para reír, aconsejar, motivar, iluminar la vida de los estudiantes. 

Hoy en día las nuevas generaciones no necesitan que les demos información, esa ya está por todos lados; los alumnos necesitan que les demos formación y motivación. Que seamos una especie de "COUCH" para guiarlos, para darles las herramientas necesarias y orientarlos en el laberinto tecnológico que, dicho sea de paso, contiene tanta basura que es muy fácil perderse. 

Voy a adjuntarles la experiencia que nos comparte Yokoi Kenji, porque como sabemos, estos son los maestros que recordamos y que recordarán nuestros alumnos con el paso de los años. 

La invitación de hoy estimado docente, es a que unos minutos antes de comenzar nuestra clase, abriendo la puerta para entrar en el aula, o bien, abriendo la cámara para nuestra enseñanza virtual, recordemos que la Educación no es una cosa netamente intelectual, es más bien una cosa emocional. Conecte con el corazón de sus estudiantes, esto les abrirá sus mentes.


El Maestro que me hizo llorar.


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